PENSAR LA REALIDAD
Camino algo aburrido los diferentes senderos que conducen al lago artificial de Parque Centenario. En un intento por irme desando uno de ellos y cruzo entre las rejas. De allí hasta la calle me acompaña, a uno y otro lado de mis lados, el incipiente armado de puestos de una feria artesanal prejuiciosamente igual a todas. Justo antes de alcanzar la ratona mesa de tarot –a la que traspasarla significaría alcanzar el afuera- , dos puesteros bastante mayores me desmienten con su diálogo y la feria se distancia de otras que he recorrido:
-Te digo una cosa, terminamos de armar y se larga...
-Yo tengo pensamientos más…
-No se trata de pensamientos –interrumpe el primero- es la realidad, está horrible.
-¿Ahora me vas a decir que mis pensamientos no son reales? ¡Andá a cagar! Nada más real que lo que pensamos.
Ellos ríen y continúan “desembultando” sus riquezas para exponerlas. Yo, llego a la calle pero un nuevo camino de piedras me devuelve al parque; necesito escribir.
-Te digo una cosa, terminamos de armar y se larga...
-Yo tengo pensamientos más…
-No se trata de pensamientos –interrumpe el primero- es la realidad, está horrible.
-¿Ahora me vas a decir que mis pensamientos no son reales? ¡Andá a cagar! Nada más real que lo que pensamos.
Ellos ríen y continúan “desembultando” sus riquezas para exponerlas. Yo, llego a la calle pero un nuevo camino de piedras me devuelve al parque; necesito escribir.
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